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Giselle Lage Gil: «Vivo la canción»

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Cierra los ojos para imaginarse subiendo con paso firme por la elegante calle santiaguera Heredia. Sabe de memoria donde esquivar un mal paso o saludar al vecino que la reconoce. La guían los anhelos de volver el segundo viernes de cada mes para acariciar hondo al público frecuente y a quienes se aventuran a visitar la peña Crónicas de mi ciudad, en el interior de la casa natal de Heredia, el cantor del Niágara.

Giselle Lage Gil vuelve allí una y otra vez, ahora desde la seguridad de su propia casa: «En la peña contamos la ciudad desde distintas manifestaciones artísticas, según la ven los invitados. Así ha sido desde 2013».

La joven cantautora rememora esos encuentros como una de las rutinas más importantes en sus 31 abriles. Su voz, ya reconocida en esa urbe de la que parten múltiples raíces de nuestra música, ha logrado transcender las limitaciones actuales y proyectarse desde el nuevo escenario: su pequeño cuarto, donde un piano, una pianola y la bandera cubana son testigos de su infatigable proceso creativo.

Cada día acomoda notas musicales, ajusta acordes y busca sinónimos y recursos expresivos que mejor se ciñen a su mundo interior: «Necesito conectar con la canción, identificarme con el texto para hacerla mía. Así compongo y la música es mucho más fácil», reconoce.

De ese juego seductor con el arte nació, uno de esos días de confinamiento, un tema de profundo lirismo. Entra fácil. Estruja. Deja el alma a flote y confirma que Todo cambió, como decidió titularlo.

«En esa canción van las grandes lecciones de este momento: la añoranza, la distancia y la pérdida de personas amadas nos hacen desear esos encuentros que antes eran cotidianos y se volvieron casi un imposible».

Regresa a las interminables madrugadas en que dio vida sonora al texto (regalo de su mamá, Sara Lilia Gil Piriz), pues sólo en ese horario mengua el habitual bullicio de las motos en su ir y venir.

«Ella se inspiró en las familias que quedaron separadas por toda esta situación. Un día me lo mostró para ver si se podía musicalizar y desde que lo leí me di cuenta de que es hermoso, tiene mucha sutileza y musicalidad intrínseca».

Esta joven, egresada en 2008 de la Escuela Vocacional de Arte José María Heredia, apostó por tocar fibras, emocionar, dialogar en el lenguaje de las cuerdas.

«Desde el principio tuve claro que no quería una música demasiado dramática, pero tampoco festinada, porque sería incoherente con su mensaje. Me sumergí en su letra y el mismo texto me fue llevando hacia la melodía. Fui probando matices a través de pasajes armónicos y melódicos que estuvieran en sintonía con las imágenes de la letra. Así salió, poco a poco, la música».

Todo cambió le da la vuelta al mundo en un video donde Giselle sorprende cuando lo interpreta y sientes que abandona su cuerpo menudo, se crece y te abraza: «Me libero. Vivo la canción. Me sumerjo. Dejo fuera la cotidianidad. Creo que el público se merece lo mejor».

Exhibe con orgullo su título de licenciada en Estudios Socioculturales, pero sobre todo sorprende la versatilidad de su interpretación. Le gusta recorrer los diferentes géneros musicales de Cuba y ritmos foráneos como el tango y el bossa nova, a los que impregna su propio sello. Ejemplo de esa singularidad es el video clip Una mujer, promocionado por el programa Lucas y gestado en 2018 gracias a la beca de creación El reino de este mundo, de la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

«Hacer música en Santiago de Cuba es un reto. Tenemos muchas leyendas vivas, excelentes músicos que están activos y son una motivación para la juventud. Ese contacto entre ambas generaciones es muy importante.

Por WhatsApp nos confiesa: «Mi mayor deuda es presentar un disco más oficial, pues muchos temas han sido grabados de manera independiente. Trabajo en uno de música tradicional cubana con el pianista Portilla Herrera, una experiencia muy grande, que ya está bastante adelantado».

El otro reto, dice, es el público santiaguero, acostumbrado a propuestas de muy buena calidad: «Sabe lo que quiere, y para ganárselo hay que trabajar muy duro».

Bien lo sabe ella, capaz de despertar aplausos en la sala de conciertos Dolores, el patio Jutía Conga, del comité provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), la Casa del Caribe, la de la Trova Pepe Sánchez, el majestuoso teatro Heredia y el Iris Jazz Club.

Después de permanecer alejada de esos amigos fieles que no dejaban de llegar a su peña, ni siquiera si había lluvia, volverá renovada a cada uno de esos espacios, después de tantos días de trabajo constante en casa, y alzará su voz con nuevas canciones para contar lo vivido por su familia, y por todos, en este tiempo diferente.

FUENTE: JUVENTUD REBELDE


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